¡Qué tragedia para la administración pública! Resulta que Efraín Rivero Euán, quien despachaba como flamante subdirector de Operaciones y Procesos del Catastro Municipal, tuvo que dejar su codiciado asiento. Claro, la mudanza no fue voluntaria ni por motivos de salud, sino por unos pequeños “detalles” administrativos que, para mala suerte de su brillante carrera, decidieron investigar.
Ante esta lamentable situación, la información que está circulando en medios digitales señala que el exfuncionario operaba una especie de consultoría exprés dirigida a la gente más humilde de las comisarías, cobrándoles la módica cantidad de 1,500 pesitos por trámites que, ¡oh sorpresa!, jamás se materializaban. Qué manera tan creativa de reinventar el servicio a la comunidad.
Evidentemente, las excusas y los pretextos abundaban en su repertorio cada vez que los ciudadanos reclamaban sus documentos. Al final, las promesas vacías se apilaron tanto que la Contraloría Municipal decidió armar una carpeta de investigación formal. Pero qué barbaridad, con lo ocupado que estaba seguro el muchacho como para atender trámites menores.
Como marca el manual del político moderno, Rivero Euán ha salido a negar todo con cara de yo no fui, fiel a esa hermosa costumbre de jurar inocencia mientras el barco hace agua por todos lados. Sin embargo, en la dependencia que encabeza Aura Loza Álvarez la confianza ya voló más lejos que sus promesas de campaña. Se acabó el show para el mago de las finanzas catastrales.
Y por si el drama fuera poco, esta simpática salida ocurre apenas días después de la sospechosa y aún no oficializada baja de Fernando Tzab, ese otro prócer panista que juraba por su mamá que jamás hacía grilla ni hostigaba a sus compañeros. Cero y van dos en la lista de bajas ejemplares; a ver quién es el próximo valiente en caer con las manos en la masa.
